Reloj telaraña
y el eco infinito de un acorde aumentado.

Grita un cuervo
en tu cabeza, risas.

Melodías solitarias
exquisitos pensamientos mortíferos.

y el suelo sobre tu cuerpo,
olvido.


Bailan los recuerdos en los sueños
deslizan sus descalzos pies sobre tu pecho
y al despertar un esputo de sangre
tierra entre los dientes.


De nuevo las ansias de encontrarte en cada palabra que entretejo, en cada nota del teclado. Creo recordar las veces que estuvimos juntos, cuando el espejo evoca nuestra historia y mi reflejo se desdobla en el mito del recuerdo.

Tu sustancia se despliega hacia un horizonte confuso, donde el relato de tu nombre la consume. Con tu nombre se yuxtapone el silencio, cuando niego el verbo que encarna tu ausencia. Entonces vives en todos los silencios y en cada una de las soledades. 


















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